La idea de si alguien es lo suficientemente válido para ser padre es uno de los escrutinios más tremendos y brutales que, incluso a día de hoy, el Estado ejerce sobre una pareja (brillante cómo lo hace Ciclos). En eso se basa el debut de Fleur Fortuné, directora de videoclips que ha dotado de un gran diseño y color a su ópera prima, llevándola a una distopía futurista.
El mundo ha colapsado y se ha comenzado un nuevo ciclo, dejando atrás el mundo antiguo. En él, una pareja autosuficiente parece tenerlo todo: ella cultiva plantas y él crea mascotas artificiales en un mundo en el que ya no son admitidas. Esta vida perfecta tiene algo que le falta: un hijo.
Ahí llega el personaje de Alicia Vikander para evaluarlos y ponerlos a prueba, primero observando TODO y luego haciendo el papel de la hija de ambos. Aquí, la fisicidad de Vikander es vital para que creamos su interpretación de manera excelente. Es una actriz con un control corporal impresionante, y por sus movimientos sabemos qué parte está jugando. Sin duda, una de las grandes actrices actuales, y aquí se vuelve extraña, infantil, horripilante, lo que resulta increíblemente divertido para el espectador.
La dinámica entre los tres actores es excelente y lo más destacable, con tres papeles muy diferentes que nunca aburren en sus preocupaciones y dudas. Especialmente interesante es la confusa relación entre Olsen y Vikander.
La escena cumbre en una cena de amigos, donde Minnie Driver utiliza su lengua afilada para sacar a la luz la verdad sobre la paternidad mientras el resto simplemente enmascaran todo con sonrisas, es especialmente brillante.
Sin embargo, a veces la película juega demasiado con los formatos, con lo estético, y el final está un poco sobreexplicado. Pero solo como ejercicio para ver a estos actores y actrices en una cinta de ciencia ficción sesuda y con un gran diseño de producción, es lo suficientemente estimulante.
