El motín [Jean-François Richet] [2026] · ★★★

Jason Statham protagoniza El motín, la nueva película de acción de Jean-François Richet. Foto: Dan Smith/Lionsgate.

Jason Statham se clasifica como género cinematográfico

 

Podemos juzgar El motín, la nueva película de Jason Statham, con palabras. Podemos hablar de su argumento, de corrupción, tráfico de personas, inmigración clandestina y hasta de las posibles lecturas sociales que uno quiera encontrarle. Pero estaríamos utilizando el sistema de puntuación equivocado. El motín hay que valorarla por onomatopeyas: por la cantidad de veces que durante sus 95 minutos dices «¡dale!», «¡toma!», «¡hostia!» o directamente «¡wow!».

Porque “El motín” está dirigida por Jean-François Richet, responsable de Plane, pero casi podríamos decir que él es lo de menos. Lo importante es que estamos ante una película de Jason Statham, que a estas alturas constituye un género cinematográfico propio, igual que en su día existieron las películas de Steven Seagal, Arnold Schwarzenegger o Jean-Claude Van Damme.

Sabes perfectamente lo que has venido a ver.

Hay un argumento porque entre dos escenas de hombres partiéndose la cara alguien tiene que explicar por qué Jason Statham está enfadado. Hay malos porque alguien tiene que recibir los golpes. Hay una conspiración porque necesitamos ir de un escenario al siguiente. Y, sobre todo, hay objetos aparentemente cotidianos que inevitablemente terminarán convertidos en armas.

En esta ocasión Statham interpreta a Cole Reed, guardaespaldas, chófer y, básicamente, chico para todo de Tibu Campallo, un importante empresario naviero de Bangkok que está a punto de vender su compañía. Cuando su jefe es asesinado delante de él, Cole termina acusado del crimen y tiene que demostrar su inocencia mientras intenta descubrir quién está detrás de todo.

Lo de demostrar su inocencia es relativamente secundario. Lo importante es que la investigación le conduce hasta un enorme barco carguero perteneciente a la empresa de su antiguo jefe y, a partir de ahí, tenemos millonarios corruptos, policías corruptos, marineros corruptos y empresarios corruptos. Prácticamente todo el mundo está podrido salvo nuestro héroe y Angie Ellis, interpretada por Annabelle Wallis, a la que muchos seguimos asociando inmediatamente con Malignant.

La trama criminal está ahí fundamentalmente para encerrar a Jason Statham dentro de un gigantesco barco lleno de pasillos estrechos, escaleras, salas de máquinas, contenedores, grúas, herramientas y toda clase de objetos susceptibles de convertirse en instrumentos para romper huesos.

Y ahí El motín encuentra su razón de ser.

La película se convierte en una especie de juego del gato y el ratón por el carguero, con Cole moviéndose entre cubiertas mientras intenta descubrir quién está detrás de la conspiración y la tripulación intenta darle caza. El escenario está muy bien aprovechado porque siempre hay una nueva esquina, una escalera, una máquina o una herramienta esperando su momento de gloria. Hay incluso cierto espíritu McGyver en la manera en que Statham improvisa con lo que encuentra alrededor.

A lo largo del metraje utilizará también cuchillos, pistolas, un hacha, un arpón y, por supuesto, sus puños, porque una película de Jason Statham sin varios señores descubriendo violentamente que han elegido al calvo equivocado para meterse con él estaría incumpliendo algún tipo de contrato cinematográfico.El punto culminante probablemente sea una escena en la que agarra un candado abierto, golpea con él a uno de los malos y después utiliza el arco metálico para engancharle la boca y arrancarle parte de la mejilla.

En otro momento recibe una puñalada y su reacción es aproximadamente la que cualquiera de nosotros tendría al descubrir que se ha manchado la camisa comiendo tomate. Mira el cuchillo, parece ligeramente molesto, se lo arranca y, naturalmente, termina utilizándolo contra otra persona.

Y lo maravilloso es que El motín sabe perfectamente qué película es.

No intenta revestirse de una trascendencia que no tiene ni detener la acción para convencernos de que estamos viendo un complejo thriller político. Jean-François Richet administra las peleas, persecuciones y tiroteos con suficiente ritmo como para que la hora y media pase volando, y además aprovecha bastante bien el espacio cerrado del barco para introducir algo de variedad en una fórmula que conocemos de memoria.

En un pequeño momento vemos a Cole observando fotografías de su padre fallecido y felicitándole por su cumpleaños. Con eso basta. Ya sabemos que tiene sentimientos.

Ahora puede volver a arrancarle la cara a alguien con un candado.

Porque hay películas que se valoran por su fotografía, otras por su guion y otras por la profundidad de sus personajes.

El motín se valora contando cuántas veces dices «¡toma!» mientras Jason Statham rompe un hueso.

Y la nota es bastante alta.

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