Mother Mary [David Lowery] [2026] · ★★★

Llámame Madre

Desde el principio, *Mother Mary* juega con esa clase de devoción que puede sentirse por una estrella de la música y que va mucho más allá de la simple admiración. Podemos pensar en los swifties, en los seguidores de Beyoncé o en cualquier fenómeno de masas en el que la cantante deja de ser únicamente una artista para convertirse en una figura casi religiosa, una especie de “Madre” alrededor de la cual se construye toda una identidad.

En el centro de la historia tenemos precisamente a una estrella emocionalmente vacía que vuelve a encontrarse con la diseñadora que la acompañó al comienzo de su carrera, una mujer con la que mantiene un vínculo que parece superar cualquier relación convencional. La película incluso sugiere que esta sabía que la cantante estaba a punto de regresar antes de que apareciera, como si entre ambas existiera una conexión espiritual imposible de romper.

La narración se construye a través del diálogo entre las dos protagonistas y de una serie de flashbacks que van revelando su pasado. Una alcanzó el estrellato y abandonó a la otra por el camino, mientras que la diseñadora terminó levantando su propio imperio utilizando como combustible el odio, el resentimiento y el dolor que aquella traición le había provocado. Ahora ambas necesitan enfrentarse a esas heridas para poder volver a crear.

Es en este retrato del proceso artístico, tanto en la música como en el diseño, donde la película resulta más estimulante. Hay muchísimo talento delante y detrás de la cámara, y los diálogos entre las protagonistas están cargados de química, deseo y una sexualidad que nunca necesita hacerse explícita. También ayuda contar con dos actrices extraordinariamente capaces de elevar cada escena y de interpretar con absoluta convicción momentos que, en otras manos, podrían haber caído en el ridículo más aparatoso.

Por esa dinámica abusiva, dependiente y profundamente tóxica entre creadora, diseñadora y musa, resulta inevitable pensar en *El hilo invisible*, de Paul Thomas Anderson. Ambas películas entienden la creación artística como una forma de amor, control, destrucción y dependencia mutua, aunque David Lowery lleva progresivamente su historia hacia un territorio mucho más simbólico.

La película comienza entonces a hablar de exorcizar literalmente los demonios, renacer y expulsar aquello que te está destruyendo desde dentro. Cuenta incluso con una escena rodada prácticamente como una película de terror, en la que aparece FKA twigs, responsable para mí de uno de los mejores discos del año pasado y que además participa en una banda sonora en la que también colabora Charli XCX.

Sin embargo, creo que el giro hacia lo sobrenatural es precisamente el momento en el que la película empieza a perder fuerza. Las metáforas se acumulan, el relato pierde el hilo y nunca queda completamente claro qué quiere transmitir Lowery con todas ellas. La cinta exige que el espectador una una enorme cantidad de puntos, pero no todos parecen formar parte del mismo dibujo.

Aun así, sigo valorando muchísimo el cine de David Lowery, su ambición y los retos apabullantes que está dispuesto a asumir. Cuando un director se arriesga de esta manera, el resultado puede ser extraordinario o puede dejar ideas, símbolos y emociones flotando sin terminar de encajar. *Mother Mary* continúa siendo una película visualmente impecable, con grandes interpretaciones y una experiencia sensorial muy poderosa, aunque termina dejando la sensación de que dentro de ella había una película mucho mejor que la que finalmente se entrega, enterrada bajo un exceso de metáforas.

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