Durante muchos años hemos visto películas de tres horas de duración en las que el tiempo vuela y parece que solo has visto una hora. John Travolta ha sido capaz de crear una película de 60 minutos que se siente y se nota como si fuesen tres horas.
Basada en su propia novela, esta especie de cuento infantil inspirado en su primer viaje en avión junto a su madre pretende ser una historia sobre las aerolíneas de los años sesenta y, al mismo tiempo, una ventana al corazón y los sentimientos de Travolta. Una obra en la que la realidad se mezcla con la idealización de sus recuerdos en un tono de fábula nostálgica.
La realidad es que Travolta estaba tan fascinado con los aviones y el mundo aeronáutico que se convirtió en piloto y también dedicó su carrera como actor a transportar a gente a lugares. Esta versión casi meta de la película es mucho más interesante que la cinta porque lo que tenemos es un protagonista en el niño tan odioso, pesado, repipi y mal actuado que casi deseas que esta película se convierta en “La Sociedad de la nieve” y el niño se convierta en el entrante del menú. El niño está horriblemente dirigido, totalmente perdido y la mayoría de sus lineas son recitaciones de tarjetas y sin saber dónde mirar. No ayuda que gran parte del desarrollo del protagonista es dado por la voz en off con lo que hace dificilísimo que nos importe absolutamente nada de lo que dice.
La película está constantemente narrada por el propio Travolta, aunque más que narrada está subrayada en una voz en off melosa y dulce que es tan insistente que hacen de la película realmente un audiolibro con imágenes. No para de decirnos lo mágico que es todo, lo maravilloso que es todo pero nunca lo sentimos, no nos lo muestra y lo tenemos que creer porque lo dice él y eso que el diseño de producción muy Pan AM, muy art deco es lo mejor de la cinta de lejos.
La estructura de la cinta permite incorporar secundarios en cada de los enlaces entre aviones en cada una de las paradas. Travolta consigue que no nos importe ni uno solo de los que van desfilando, es un verdadero talento lo mal dibujados y lo poco interesantes que son cada uno de ellos.
La cinta se presupone un regalo de Travolta a su familia y de hecho sale la hija de John Travolta, el nepotismo llevado al extremo. Esto que es un detalle muy dulce y bonito algo que él quería dejar como el legado de John Travolta y su memoria. Lo entiendo, es Travolta, es una leyenda del cine y cuando llegan a ciertas edades tienen que darse su dosis de autoindulgencia. Es comprensible pero aún así eso no lo hace una buena película.
Suerte que Travolta viajó en un tiempo que las aerolíneas eran mejores, porque si lo llega a hacer con Ryanair imagina el narrando como no han entrado y la azafata ya le esta gritando que se siente, que ponga las cosas bajo el asiento y que compre rasca y ganas. Mientras pienso eso, a lo mejor ahí hubiésemos tenido una cinta con algo más que contar porque es tan ligera e insustancial que se va como entra.
En resumen, es algo que Travolta tiene dentro de su corazón y tiene una de las carreras más vistosas del nuevo Hollywood. Esto es una nota al pie de una gran carrera porque la única salida que puedo ver a la cinta es como película a bordo para quedarte dormido en ella.
