La tercera temporada de Euphoria llega tras años de polémicas y expectativas altísimas. Pero lo que encontramos es una serie fragmentada, desconectada de sí misma y más interesada en provocar que en contar algo relevante. ¿Qué ha pasado con una de las ficciones más influyentes de los últimos años?
-
El fenómeno Euphoria: una primera temporada irrepetible
La primera temporada de Euphoria llegó como un bulldozer en las series de adolescentes. Cogió todo lo que sabíamos de las series de instituto y multiplico por mil las provocaciones, los problemas, las conexiones entre ellos… A todo esto lo hizo con una narrativa audiovisual absolutamente fascinante, una fotografía espectacular que hacía que te quedaras con la boca abierta y la banda sonora de Labrinth que convirtió la primera temporada en mi favorita de aquel año.
No podemos no mencionar el reparto tan espectacular que pocas series han conseguido emular: Zendaya, Sydney Sweeney, Jacob Elordi, Colman Domingo… es absolutamente espectacular
Cada episodio comenzaba con una inmersión profunda en el pasado de uno de los personajes, complicando sus arquetipos: el típico chico deportista tenía conflictos con su sexualidad; la chica más “pura” del grupo era una camgirl. Los personajes estaban unidos por su experiencia compartida en el instituto, pero una vez terminaban las clases, era como si volvieran a planetas distintos. Esa tensión estaba en el centro de la obra de Lexi que cerró la segunda temporada: por muy ajenos que se volvieran entre sí, cuando sonaba el timbre, el terreno se igualaba. Volvían a habitar el mismo mundo.
Para la tercera temporada que es la que nos ocupa hemos tenido un salto temporal. Unos años después de la graduación de East Highland High —que no se muestra—, los personajes han salido en gran medida de las órbitas de los demás. ¿Quiénes son sin sus arquetipos, sin una realidad compartida?
A esto vamos a sumar el tiempo entre temporadas cargado de controversias, agendas de actores convertidos en superestrellas de hollywoodiense y The Idol. La última serie de Sam Levinson que fue uno de los mayores desastres recientes con una producción muy accidentada.
El creador de ambas ha tenido sonoros encontronazos con varios actores, incluyendo que Barbie Ferreira se fuera de la serie, el abandono de Labrinth diciendo “que no va a permitir que traten a la gente como mierda” y a muchos de ellos se nota que solo están aquí porque están obligados por contrato. La mayoría no ha puesto ni un triste tweet anunciando el regreso de la serie. Esta dejadez se nota.
Pero el problema de esta tercera temporada es que no nos conectan los hilos entre los personajes en sus nuevas vidas. Lo más obvio que hemos visto en centenares de películas es la reunión del instituto, sé que es una excusa vaga y mundana pero es necesario que los personajes habiten el mismo espacio o universo para comprender sus dudas y poder compararlos. El mayor error de la tercera temporada de Euphoria es que no tienen nada que ver los unos con los otros. La protagonista, Rue, se ha desviado tanto de la realidad de sus antiguos compañeros que prácticamente parece estar en otra serie. Su narración, antes insistente, ahora se ha reducido y funciona solo como un hilo muy fino que conecta sus desventuras en el desierto con la vida del resto del elenco en Los Ángeles. Es lo que pasa después del instituto: la gente sigue caminos distintos. El reto de esta tercera temporada es encontrar la manera de que estos personajes vuelvan a tener sentido juntos.
De momento no lo tiene. Escuchar a Rue decirnos lo que viven otros personajes que ya no tienen nada que ver con ella se siente ajeno. También en lo visual. Cuando la atención se centra en Nate y Cassie, ahora comprometidos y viviendo en una enorme casa suburbana, lo visual es muy estilizado, evocando el diseño maximalista de temporadas anteriores. Pero cuando el foco está en Rue, ahora mula de drogas para la inquietante Laurie, la serie parece… bueno, parece Breaking Bad.
El primer episodio de Euphoria empezaba señalando que Rue nació pocos días después del 11-S. Ese detalle creaba la expectativa de que la serie ofrecería algún tipo de comentario sobre la Generación Z. Ese comentario social debería ser el foco de la serie, y todavía hay algo de eso: el comentario sobre la IA quitando los trabajos más bajos con la incertidumbre que debe crear en toda una generación, la facilidad de montar un negocio de Onlyfans y el dinero que hay dentro, la derecha política comiéndose todo el llamado “sueño americano”, en el segundo episodio parece haber un intento de hablar sobre la codicia y la corrupción del sueño americano. Mientras Cassie posa disfrazada de bebé sexualizado, pregunta a Juana si su vida podría ser más grande. Juana responde que no: “América: mi sueño”. Todo apunta a una visión vacía del éxito… Cuando Euphoria pone el foco en estas cosas es cuando encuentra su sentido.
Tambien es interesante ver a estos personajes sin la red de seguridad que ofrece la vida de instituto viviendo con tus padres. Ahora se meten en problemas y ya son ellos los que tienen que solucionarlos, cada decisión va decidiendo el mundo en el que vas a vivir.
He hablado de Rue y su Breaking Bad, por otro lado tenemos a Nate y Cassie. Él ha heredado el negocio de su padre y su personaje se ha perdido. Antes era un personaje hermético y oscuro; ahora parece una parodia del típico deportista vacío.
Cassie ahora quiere seguir haciendo lo que mejor sabe: manipular a los hombres para conseguir lo que quiere. La dinámica entre ellos siempre ha oscilado —Cassie está loca, no es tonta—, pero nunca se había visto a Nate asustado por ella.
Por otro lado, es un alivio comprobar que Maddy ha escapado de Nate. Su vida parece glamourosa en Instagram y trabaja en representación de talento. Lexi, por su parte, prospera en Hollywood trabajando para una figura importante de la industria. Ambas historias parecen recicladas de The Idol, pero veremos por donde avanzan aunque las cosas no parecen apuntar bien. El segundo episodio va a peor y voy a entrar en la mayor polémica de la serie:
Casi todos nuestros personajes femeninos —excepto Lexi, ausente en el episodio de esta semana— han crecido para dedicarse o facilitar el trabajo sexual. Si en temporadas anteriores Euphoria ponía en primer plano la imaginería erótica para hacer un comentario sobre el proceso confuso y a menudo doloroso de aceptar la propia sexualidad, ahora esa carga emocional ha desaparecido. Hay dos tipos de mujeres en el Los Ángeles de Sam Levinson: las tontas y las listas. Las tontas se desnudan; las listas las manejan como marionetas. No hace falta decirlo, pero para dejarlo claro: hay muchas historias buenas, sensibles y enriquecedoras que se pueden contar sobre el trabajo sexual en este país. Pero, desde mi punto de vista, Euphoria no es la serie para contarlas. Y es porque ha estado teñida con una ligera capa de misoginia desde el primer día. Forma parte del ADN de la serie, desde los informes sobre el (mal)trato del desnudo femenino por parte de Levinson en el set, hasta todo lo que le ha pasado a Cassie.
En Euphoria, casi nunca vemos a los hombres degradarse a sí mismos. ¿Recuerdas en la primera temporada cuando los compañeros de fraternidad de McKay irrumpieron en su habitación mientras tenía sexo con Cassie para humillarlo como parte de una novatada, y luego McKay retomó el sexo de forma agresiva y sin afecto con Cassie para recuperar su virilidad?
La idea no era mala. La perspectiva de la cámara era diferente, se quedaba fija en Cassie, colocada de forma pornográfica a cuatro patas. Eso enviaba un mensaje al espectador: Euphoria prefiere ver a Cassie degradada. ¿Hay alguna razón para que veamos tantas sesiones de fotos de OnlyFans de Cassie, más allá de la indulgencia de Levinson?
Por el momento el problema de Euphoria no son los personajes, no es que no resulte entretenida porque la serie sigue sabiendo ofrecer eso sino que como conjunto está inconexa, que se esfuerza en la provocación sin fundamento, que hay una misoginia y una mirada increíblemente sucia y obscena sobre la figura de la mujer y que casi dan más peso a eso que a la crítica que tiene debajo. ¿Puedes criticar algo mientras te regodeas en ello?
Vistos dos episodios hay una deriva narrativa muy importante. ¿De qué va la serie’ son personajes haciendo cosas pero no parece apuntar a ninguna dirección, los diálogos se sienten muy vacíos e inconexos.
Yo me he preguntado todo el rato si no hubiese sido mejor idea que cada capítulo se centrase en un personaje y reunirlos al final. Es una pena que una de las series más rompedoras, estimulantes y creativas de los últimos años va a quedar empañada por este final de temporada que solo confirma que Sam Levison no es nadie al que debemos admirar.
