Benidorm Fest 2026: análisis crítico, ganadores y el debate sobre su futuro sin Eurovision
Aunque no lo creáis se ha celebrado una nueva edición del Benidorm Fest, la de 2026 que tenía una prueba de fuego ya que la preselección de Eurovision es para elegir el no representante del festival porque España ha decidido retirarse del certamen de la música europea. No voy a debatir eso sino si el Benidorm Fest tiene sentido como festival independiente de música televisada en nuestro país y el resultado para mí es un sí, con peros. Hay que matizar como diríamos en el polígrafo y lo haré al final, pero lo que sí tenemos son unos ganadores Lucycalys y Tony Grox con “T Amaré”
En cuanto a datos, ha sido un mazazo con poco más de un millón de telespectadores que es casi una pérdida de la mitad de la audiencia de un año para otro. Se ha dejado casi un millón del año pasado a este. Sigue siendo lo más visto de la noche, pero esa pérdida es muy sustancial como para no preocuparse. Hay que tomar apuntes y ver qué puede no interesar a la audiencia y cómo se puede hacer sobrevivir este festival que cae que es vía patrocinios y esos premios extra con Spotify y Telemundo. Ese abanico de oportunidades debe ser el camino a seguir trabajando para que tenga verdadera relevancia y motivación para los artistas aparte de los 150.000 euros.
Esta edición ha contado con una nueva producción, por parte de los mismos que organizaron Eurovision Junior en Madrid y también por primera vez un director artístico de todas las candidaturas, Sergio Jaén que además dirigió la candidatura del actual ganador del festival de Eurovision JJ por Austria. Se ha traído a un equipo con el que ya trabaja en la preselección finlandesa y el resultado de su trabajo se ha visto reflejado en pantalla.
Es innegable que el uso de la iluminación, el cuidado escénico compacto sin llenar el escenario de cosas porque sí y sobre todo se ha entregado un gran nivel técnico y de sonido, que es algo que no se nota cuando va bien pero se nota mucho cuando falla, y seamos sinceros, los fallos técnicos se pueden contar con los dedos de una mano en un directo con la complejidad que tiene en la multitud de diferentes micrófonos, cámaras, ajustes, escaletas, pautas… Puede luego gustar o no, que eso es personal y hablaremos luego, pero desde la complejidad técnica y la solvencia del equipo muy poco se puede replicar.
También hay que añadir halagos al guión, que ha demostrado que no es necesario estar aludiendo continuamente a Eurovision sino que se puede crear identidad propia y sobre todo espacio para conocer a los protagonistas que son los concursantes. ¿Se puede hacer mejor aún? Por supuesto, pero el paso ha sido de gigante. Tengo que añadir y dar las gracias a quién haya decidido quitar el segmento de rogar por los votos, daba una caspa de talent show cutre ver a artistas arrastrarse por el fango y rogar por votarme por ser gallego, por representar lo nuestro o porque viva el rock. Era mi segmento más odiado y no sé cómo agradecer que lo eliminaran. Gracias.
Con respecto al guión y pese al avance también tengo varios peros, BenidormFest se está convirtiendo en un festival gay, pero ya no de manera natural sino intencionada y me da mucha pereza. La continua referencia a los mariquitas, calvas, bromas continuas me hacen perderle un poco el respeto y pensar que estoy viendo más un festival de Ru Paul’s Drag Race que un certamen musical. Eurovision atrae a un gran público LGBT, pero también otro que no lo es y debería ser cuidado y respaldado en el mismo contexto y plano y este año se les fue por completo de las manos, en parte ese dúo de presentadores que con Ambrossi llegó a ser por momentos incómodo de ver.
A eso hay que sumarle las constantes inserciones políticas que simplemente “no es a lo que hemos venido” ¿es un concurso musical o es la celebración del orgullo LGBTPSOE?
Mira que es mi opción política y comulgo con sus ideas, pero cada interrvención de Inés Hernand resta espectadores y es hora que TVE se plantee si merece la pena usar la música como excusa y bandera política de la agenda de esta señorita o vamos a celebrar la música en sí, porque no puede ser la razón por la que no nos presentamos a Eurovision porque está muy politizado y luego que el festival patrio esté cargado de política desde los presentadores y el guión. Porque simplemente, repito no es a lo que hemos venido. Quiero descubrir artistas y disfrutar la música, para sermones políticos hay 1473 programas más en la parrilla.
Respecto a los presentadores, ¿qué aportaba Lalachús? Estaba distraída, torpe y perdidísima. Su paseo con Ines Hernand por la Green Room rompía la profesionalidad del evento con frases como “mira este, el…” porque ni se sabía el nombre de Kenneth. Pero el momento que le tocó improvisar para que prepararan el escenario de Kitai fue un festival de vergüenza ajena
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El otro pero del festival: el de siempre. Hay que mirar a quién se acredita, máximo cuando ya no se va a Eurovision. No se puede pedir respeto y luego tener a periodistas que no lo son, especializados en nadie sabe qué (festivales dicen ahora, es que te tienes que reír) y que se rasguen las vestiduras porque su favorita ha quedado regular de jurado.
Hablo de Rosalinda Galán que también fue una de mis favoritas, pero puedo entender que es un concepto muy creado y prefabricado para el contexto del festival y que fuera de él tiene el mismo futuro que Blanca Paloma. Si llevas a gente de radios, televisiones o streaming es lógico que su opinión se incline hacia lo más radiofriendly, lo más escuchable o su propio gusto. Ya no se trata de votar a lo más eurovisivo o que mejor puede quedar en el certamen, sino a lo que haya llegado a cada persona y no todo el mundo tiene el gusto puesto en Eurovision. Música como los quinquis, charangas… De hecho lo más eurovisivo prefabricado para jurado era la balada de Mike Herzog Jr. y la hundieron. Querida prensa especializada, hay más música que Eurovision. La canción de Blanca Paloma nunca debió sacar ese jurado y solo lo hizo por “el pack”, este año no importaba el pack sino la canción y luego la presentación y hay que comprender que en su área brillen más otras propuestas para el jurado. No tengo peros que decir a Rosalinda Galán que fue maravillosa, pero hay que comprender de dónde viene cada uno y por donde van a tirar. Reitero que no todo es música eurovisiva. Si queremos variedad de estilos y géneros hay que respetarlos todos y no montar el circo de la Juanma porque su favorita no sea la de todo el mundo.
Estos que están alzando el grito en el cielo son los mismos que decían que Portugal no debía haberse clasificado para la final de Eurovision y ha sido una de las grandes vencedoras después del certamen. Incluso uno de ellos hizo la vida imposible a Chanel mientras estaba en Eurovision. Su gusto es eso, hay que entender las pasiones pero si vas en calidad de periodista debes ejercer como tal y ser profesional. Si vas como fan indignante lo que quieras, pero hay que saber mantener una línea ética. Acreditan a cualquiera que baile el juego a la bolsos y así no vamos a salir de este bucle.
Si hay artistas que no se presentan a esto no es por los comentarios en las redes sociales sino porque no quieren sentarse con “expertos en festivales” a decir qué emoji sería su canción. Ni a que luego les falten el respeto diciendo que no merecen ganar porque su diva flamenca ha quedado regular. Que no se mire esto es algo que me supera enormemente. Voy a tomarme una tila.
Volviendo de la tila, oye qué bueno el medley del BenidormFest además aprovechando todo el recinto y celebrándonos. Parece mentira que acabamos de empezar pero ya tenemos leyendas. ¿Era necesario el medley de Chanel con el repertorio que tiene? Pues hubiese quedado mejor al final de todos como homenaje a la primera ganadora porque se hizo eterno su shows de canciones mediocres.
He dicho cosas buenas pero hay alguna mala, los videos con el off de los concursantes resultaban eternos. Además el montaje en Blanco y Negro y la narración tan increíblemente leída como si fuese la lectura de la primera comunión caían como una losa entre canción y canción. Lo de romper las votaciones para que actuase Chanel y dar los premios entre medias fue confuso y anticlimático. Pero sobre todo sigue sin funcionar la labor del jurado, las conexiones con ellos son simple relleno y ver al portavoz vestido como un villano aleatorio de Star Wars diciendo que “todos son ganadores, que el nivel es muy alto…” son rellenos de minutos que agilizarían el show.
Sigo manteniendo que el jurado debería ser 50% y el televoto otro 50%, pero el jurado demoscópico es en realidad un jurado popular. Lo que debería ser es Jurado profesional 25%, jurado demoscópico 25% y televoto 50%. Si no lo hacen así es por miedo a que lleguen unas Sanwicheiras o una Melody que arrasen en el público y el pescado esté vendido antes de tiempo. Pero dar tantísimo peso al jurado, creando esas barreras insalvables quita toda la emoción.
Y ya como último tirón de orejas el horario, no se puede empezar una fiesta a las 11 de la noche cuando ya no estamos con la cervecita sino con el colacao antes de dormir. Una televisión de vocación pública y de promoción a artistas debía marcar la pauta y no ir a rebufo de lo que haga el resto. Demuestra no confiar en el producto y sobre todo marchitarlo y a la vista está la poca conversación que se ha arrastrado a lo largo de la semana salvo el “no lo he visto porque empieza tardísimo” y eso se ha reflejado en no ver la final porque no había ruido social. También ponerlo en medio de Carnaval y San Valentín no es la mejor opción ni a nivel de audiencia, ni para los hosteleros de Benidorm que ese sábado iban a trabajar igual con o sin el festival. Esto hay que mirarlo mucho de cara al año que viene.
Pero volviendo a la pregunta con la que empecé el podcast, ¿tiene sentido BenidormFest sin Eurovision como premio?
Pues tiene sentido como plataforma para artistas noveles, ahí es donde BenidormFest debería apostar. No digo que se convierta en un talent show de triunfitos sino que gente que está luchando durante tiempo y tiene un proyecto solvente pueda utilizar este trampolín para que su canción y su estilo se extienda. Conocer a Los quinquis, Rosalinda Galán, Asha o incluso llevar a más público Miranda o Funambulista debería ser la intención del BenidormFest. Creo que se han dado varios pasos en la buena dirección, ahora falta profesionalizarlo y alejarlo del pequeño circo eurovisivo LGBT festivo que han montado. Pero en valoración general ha sido un festival muy notable, que viniendo de donde venimos no era tarea fácil.
